La Rioja

RHODOLIVE o cómo dar una segunda vida al agua de las almazaras

Reutilizar recursos es una tendencia en alza que se aplica a múltiples ámbitos y también se quiere poner en práctica con las aguas residuales generadas en la producción de aceite de oliva. Esta es precisamente la causa que ocupa RHODOLIVE, un nuevo proyecto europeo de I+D que ofrece un enfoque innovador para valorizar las aguas residuales de almazara y darles una segunda vida.

Esta es una iniciativa europea a la que se ha sumado el Centro Tecnológico Agroalimentario de La Rioja (Ctic Cita), cuya reunión de lanzamiento tuvo lugar el pasado 5-6 de junio en Burhaniye (Turquía).

El proyecto es una acción financiada por ERA CoBioTech, en el marco del programa Horizon 2020, cuyo objetivo es reforzar el Espacio Europeo de Investigación (EEI) en el ámbito de la biotecnología, y cuenta con un consorcio europeo integrado por, además del Ctic-Cita, DUZEN una entidad turca productora de aceite, el Instituto nacional de química de Eslovenia (NIC), la Agencia nacional de nuevas tecnologías, energía y desarrollo económico sostenible de Italia (ENEA); y las Universidades alemanas de Lüneburg y Kassel, y la Universidad de Letonia.

Tratamiento de aguas a través de una levadura no convencional 

En concreto, RHODOLIVE promueve el tratamiento de estas aguas residuales con una levadura no convencional que es capaz de transformar los compuestos contaminantes de las aguas residuales en otros compuestos de alto valor añadido como lípidos, polifenoles y carotenoides que se acumulan en la propia levadura. Estos compuestos se emplearán en el desarrollo de productos alimenticios funcionales.

“La producción mundial de aguas residuales de almazara oscila entre 7 y más de 30 millones de metros cúbicos al año”, explican desde el Ctic-Cita. España es el principal productor de aceite de oliva en el mundo, con cerca de un 40 % de la producción mundial y más de la mitad de la producción europea. Sin embargo, la producción de aceite de oliva posee una cara menos conocida, pero de alto impacto medioambiental: las aguas residuales de almazara.

Y es el proceso de obtención del aceite de oliva genera unas aguas residuales altamente contaminantes, las cuales es necesario tratar previamente a su vertido, dado que es un residuo que no cumple con la normativa para ser vertido al dominio público hidráulico. Estas aguas se caracterizan por grado elevado de contaminación orgánica; alto contenido en polifenoles y materia sólida; y alta conductividad eléctrica.

Por ello, su almacenaje, como explican desde el Ctic-Cita, opción por la que se ha optado tradicionalmente, genera graves problemas y serias consecuencias para el medio ambiente. “En términos de contaminación, un metro cúbico de aguas residuales de almazara equivale a casi 100-200 metros cúbicos de aguas residuales domésticas”, concluyen.

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