Deportes

Fernando Llorente: «Los riojanos nos tenemos que juntar para hacer algo bonito»

Cuando a Fernando Llorente, después de una hora larga de conversación, se le pregunta por qué ha aceptado la propuesta de Fluchos para convertirse en su imagen de marca, el rinconero lanza un mensajazo: «Los riojanos nos tenemos que juntar para hacer algo bonito». Toda una declaración de intenciones. Más aún si viene de un campeón del mundo. De alguien que siendo niño lo dejó todo atrás para luchar por ser futbolista. De alguien que ha jugado en las tres mejores ligas del mundo, la española, la italiana y la inglesa. De alguien que ha compartido vestuario con Iniesta, Pirlo o Harry Kane y que aún encuentra en sus raíces el mejor motivo para seguir mirando al futuro con ambición.

La carrera de Fernando Llorente (26-02-1985) es un viaje por el mundo que arranca en las calles de Rincón de Soto en las que se entretenía demasiado jugando al fútbol con sus amigos. Tanto como para preocupar a Isabel, su madre, cuando caía la noche y él todavía no había vuelto a casa. Aquellos amigos siguen siendo esos amigos para los que siempre hay tiempo. En Rincón de Soto, y en Funes, le vieron jugar al fútbol de chaval. Y los que le vieron enseguida sospecharon que allí había un futbolista.

Chus Llorente es el hermano mayor de Fernando. Quince años mayor. Él fue quien decidió que Fernando acudiera a un campus de fútbol por primera vez. Fue en Andorra, en un stage del FC Barcelona en el que los monitores eran jóvenes futbolistas azulgrana: Pujol y Xavi entre otros. A Pujol tuvo que pedirle unos tacos para sus botas. El catalán se lo llevó de la mano a su habitación para solucionarle el problema. Unos años más tarde, cuando Llorente visitó por primera vez el Camp Nou con el Atheltic, el de Rincón no pudo evitar recordarle aquella anécdota al central azulgrana en mitad del partido.

Chus es ahora el representante de Fernando, aunque principalmente es su tato. Dice de él que es como un padre, porque es quien le ha seguido durante toda su carrera, es con quien más ha discutido, es el que más le ha exigido, pero le llama constantemente tato. Y detrás de cada tato normalmente hay una consulta o una petición. Cuando posó para la campaña de Fluchos y conversamos con él en Londres, a finales del mes de enero, estaba a punto de cerrarse el mercado de invierno y el Chelsea dudaba entre fichar a Olivier Giroud o ficharle a él. Aquellas sesiones fotográficas le sirvieron para no pensar en esa posibilidad. Probablemente a su hermano Chus le sirvieron para no tener que contarle demasiadas cosas de las que se estaban cociendo y se quedaron así, a medio cocer.

Estar rodeado de los suyos es una necesidad para Fernando. Jugó en la Juventus de Turín dos temporadas entre 2013 y 2015. En aquel tiempo, en el que ganó dos Scudettos, una Copa de Italia y dos Supercopas, su entonces pareja y hoy esposa, María Lorente, no pudo acompañarle porque estaba centrada en terminar su formación como médico en el Hospital de Basurto. Así que Fernando les pidió a sus padres que le acompañaran en la aventura italiana, como queriendo recuperar el tiempo perdido durante la infancia, en la que se había visto obligado a separarse de ellos para iniciar su carrera en el Athletic. «Fue muy bonito para ellos. Nunca habían salido de Rincón y vivíamos en el centro de Turín, lo más bonito. Bajaban de casa y tenían todas las plazas, monumentos y museos. Y ya les conocía todo el mundo. Fueron dos años muy bonitos para ellos que aún me recuerdan».

A Turín llegó tras un año muy duro en Bilbao. Allí le había llevado algunos años antes, en 1996, José María Amorrortu. Allí había vivido momentos difíciles, maratonianas jornadas de entrenamientos y estudio o la soledad propia de quien con once años se separa de los suyos y allí se había convertido en ‘El Rey León’, en el goleador que Caparrós necesitaba, en el Trofeo Zarra, en el segundo máximo goleador del Athletic en competiciones europeas… Sonrisas y lágrimas que definen la carrera de un futbolista.

En aquellos años bilbainos también le llegó el éxito con la Selección Española. En Sudáfrica, Campeón del Mundo. En Kiev, Campeón de Europa. Cuando se le habla del Mundial se le ilumina la cara. «Se me pone la carne de gallina. Es algo que no te puedes creer. Estás con la mejor generación del fútbol español, haciendo un fútbol maravilloso… Algo increíble. En lo futbolístico, la experiencia más bonita de mi carrera». Su actuación en el partido contra Portugal fue decisiva en aquel torneo que decidió el gol de Iniesta, aunque le quedó la espinita de que ninguna de aquellas ocasiones terminaran en gol.

Uno de sus mayores deseos era jugar en la Premier League, a la que llegó en 2016. Antes, el paréntesis sevillano en el que todo ocurrió demasiado rápido. El fichaje, el debut… Todo menos la adaptación. Aún así, un gol a la Juve en Nervión en Champions abrió las puertas de la Europa League al Sevilla, que acabó siendo campeón.

Como llegar a la liga inglesa no es sencillo, los Llorente optaron por un pequeño paso atrás y eligieron el Swansea. «Estaba como loco por jugar en la Premier League, pero no es fácil. Elegimos un equipo pequeño en el que tuviera más fácil jugar, como así fue. Tuve dos lesiones que me cortaron el rendimiento pero aún así hice quince goles el primer año. Ese paso atrás me permitió dar dos adelante y me abrió las puertas del Tottenham».

¿Y mañana? «No pienso en el futuro porque dejas de vivir el presente y me gusta disfrutar cada día de lo que hago. Soy feliz y no pienso más».

Más allá del fútbol, en la vida del delanterio riojano hay un antes y un después de un viaje a Nueva Dehli con Save The Children y el programa Informe Robinson. «Personalmente es una de las cosas que más me ha marcado. Te das cuenta de lo afortunados que somos de nacer donde hemos nacido. Si ves aquello se te cae el alma al suelo. Después del primer día no quería volver al slum. El agua la buscaban a no sé cuántos kilómetros andando. Save The Children intenta ayudar y pone su granito de arena, aunque es insuficiente porque la situación en la que viven es horrorosa». «Tenemos que devolver a la sociedad lo que nos ha dado, más después de ver este tipo de cosas. Vives en otra realidad diferente y te das cuenta de que es muy importante que todos ayudemos a nuestra manera».

Para recuperar la sonrisa de Fernando solo hay que nombrarle a su mujer, María, y a su hijo, Fernando: «Ellos son la parte más importante de mi vida ahora mismo. Ser padre me ha dado muchísimo». Y más que le va a dar, porque a la vez que se publica esta entrevista estará naciendo su segundo vástago, una niña.

«Los Fluchos ya no me los quito». Eso podría estar en el guión de quien se ha convertido en la nueva imagen de la marca riojana de calzado. Pero no lo que sigue a esa afirmación. «Los riojanos nos tenemos que juntar y formar algo bonito ¿no? Ha surgido la oportunidad de empezar a crear algo juntos y estoy muy feliz, porque son de Arnedo, de mi tierra, de la que me siento muy orgulloso». La vuelta a las raíces.

Si aún no recibes 'El Tempranillo' cada mañana, puedes apuntarte aquí

TAMBIÉN TE ENVIAMOS NOTICIAS IMPORTANTES POR WHATSAPP. DATE DE ALTA AHORA DESDE AQUÍ
Comentarios
Subir