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Inés Catalán: «Es una pasada cómo se viven los partidos en Estados Unidos»

Inés Catalán (21 de febrero 1999, Calahorra), actual jugadora de baloncesto del Missouri Southern Women’s Basketball Team, está disfrutando de su primer año en Estados Unidos. Además, está estudiando una carrera que no existe en España, ‘Wellness and Health Promotion’ (una mezcla de salud, INEF y fisioterapia).

Empezó a jugar a baloncesto con 8 años. Su hermano mayor fue su ejemplo a seguir tras verlo cada sábado en las canchas y decidió que ella también quería jugar y ser tan buena como él. Esta aventura comenzó en el colegio Teresianas de Calahorra, donde jugó hasta sexto de primaria. En Secundaria fichó por el CB Clavijo para más tarde jugar en el Champagnat y el San Ignacio (segunda nacional).

¿Cuándo empezó a destacar y a ver que tenía aptitudes?

Con 10 años me fui en verano a un campamento de baloncesto en Tarazona y es donde realmente me enseñaron a amar este deporte. A partir de ahí, siempre fui de las que más destacaba. El hecho de empezar a jugar con la selección riojana y en un equipo en Logroño también me hizo mejorar bastante, y es que casi de un año para otro tripliqué las horas de entrenamiento.

¿Qué le hizo dar el salto a Estados Unidos?

Un día, mis padres vinieron a casa y me dijeron que iban a ir a una charla sobre becas en Estados Unidos para deportistas, pero la verdad que yo no le presté mucha atención. Tenía muy claro que no me iba tan lejos de casa por muy bien que sonara lo de Estados Unidos. Empezamos el proceso solo por curiosidad, grabamos un par de ‘highlights’ y me presenté a los exámenes que requieren las universidades americanas.

En no mucho tiempo comenzaron a contactar conmigo entrenadores americanos que estaban interesados. Poco a poco, la balanza iba cambiando y cada vez me gustaba más la idea de irme. Durante meses, mi madre y yo hablamos mucho del tema. Ambas sabíamos que si me planteaban una buena oferta mi mejor opción era cruzar el charco.

¿Cómo fue el proceso?

El proceso fue largo. Me presenté a cuatro exámenes (por si no tenía suficiente con estudiar para los de Segundo de Bachillerato). Además, mi madre tuvo que grabar todos los partidos de la temporada y después hacer vídeos de mejores jugadas para llamar la atención de los entrenadores. Fue un proceso lleno de estrés, igual estaba un mes sin recibir ofertas de ninguna universidad y de repente en un día te llegaban seis.

¿Cómo es el Missouri Southern Women’s Basketball Team?

A pesar de que no empezamos muy bien la temporada, poco a poco estamos cogiendo las riendas y ahora mismo llevamos seis victorias seguidas. No creo que sea un equipo malo, tenemos una ‘upperclassmen’ bastante buena, con jugadoras que pueden dar mucho de sí. Sin embargo, somos muchas nuevas (seis exactamente), lo que trae mucha inexperiencia al equipo. No se cómo acabaremos la temporada, pero estoy segura de que este equipo será mejor el año que viene, puesto que nuestras mejores jugadoras aún seguirán aquí y todas las nuevas habremos cogido mucha más experiencia y confianza.

¿Por qué se decidió por él?

Principalmente, por los entrenadores. Desde la primera llamada de Skype que tuvimos con ellos nos encantaron, tanto a mi madre como a mí. Nos transmitieron mucha confianza, que al fin y al cabo es lo más importante cuando te vas a ir a miles de kilómetros fuera de casa.

¿Cuál ha sido su mejor experiencia hasta el momento?

La mejor experiencia han sido claramente los partidos, es una pasada cómo los vivimos aquí. El ambiente hace que parezcamos jugadoras profesionales. El himno antes de cada partido, los rituales de vestuario, las doscientas personas que vienen a vernos cada día y, por supuesto, el hecho de que televisen y tengamos comentadores en directo… Me sigo emocionando en cada partido como si fuese el primero.

¿Cómo es el baloncesto de Estados Unidos? ¿Muy diferente al de España?

La verdad es que sí es muy diferente. Aquí todo es mucho más físico. Entreno seis días a la semana como mínimo y vamos tres días a hacer pesas. Durante las 7 semanas de pretemporada apenas nos centramos en el tema técnico, todo giraba en cuanto al físico. Durante partidos y entrenamientos estamos corriendo completamente, las transiciones son mucho más rápidas, y por mucho que creas que estás en forma no hay un entrenamiento que no salgas con la lengua fuera.

¿Se ha adaptado bien, tanto al juego como a la vida en el extranjero?

Es muy diferente a lo que estaba acostumbrada, pero la verdad que me adapte muy rápido. En cuanto a los horarios, el cambio ha sido enorme, aquí ceno a las 6 de la tarde y a las 10 estoy muchos días en la cama, pero la verdad es que me están gustando más que los que llevaba en España. También madrugo mucho más, a las 6:30 o antes estoy en pie todos los días. Los entrenamientos han sido lo más complicado, el año pasado entrenaba alrededor de 4 horas a la semana, aquí entreno 4 horas diarias.

¿Cómo es el nivel de la liga en la que está jugando?

Yo estoy jugando en NCAA división II, y aunque el nivel no es tan alto como en División I, sigue habiendo mucho. La conferencia en la que yo juego es la más complicada de todo el país, puesto que 6 de 13 equipos que se encuentran en ella están entre los 25 mejores equipos del país. A veces, las divisiones son un poco relativas y siempre te encuentras jugadoras que podrían estar perfectamente jugando en un nivel superior y a pesar de ello se quedan en división II.

¿Cómo es su vida en Estados Unidos?

Mi vida aquí se basa principalmente en el baloncesto casi las 24 horas del día. Por las mañanas voy a clase y después de comer a entrenar. Ahora que estamos en temporada es una locura. Si no estamos entrenando. estamos en la sala de pesas o estudiando y viendo vídeos del rival. Cuando jugamos fuera de casa, podemos estar hasta 5 días de viaje porque enlazamos un par de partidos y es que el hecho de jugar más de un partido por semana hace que no tengamos nada de tiempo libre.

¿Echa de menos La Rioja? ¿Qué es lo que más?

Claro que la echo de menos, sobre todo a mi familia y amigos. A veces, no es fácil estar separados por tantos kilómetros de distancia. Y por supuesto, también echo de menos nuestra comida, la verdura, la fruta, la legumbre…

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