La Rioja

Urdiales, artista en Madrid

Ya está aquí la Feria de Otoño, tan otoñal, y en ella como hito fundamental el retorno a Madrid de Diego Urdiales, en su temporada del millón de dólares. Fue el año pasado cuando Urdiales nos legó a los que estábamos en Las Ventas una clara explicación de lo que es el toreo sin zarandajas: dos perfectas series de naturales y una soberbia estocada hasta la gamuza. Frente a toros de Adolfo Martín, no las monas de cada día, el de Arnedo firmó su tesis y ahí nos la dejó para rumiarla durante toda la invernada.

El Urdiales que viene a Madrid el próximo viernes es otro distinto. Ahora Urdiales es un artista, e incluso los que aprovecharon sus tribunas periodísticas para restarle méritos ahora se rinden a su arte echando a rodar esos adjetivos tan cargantes que suele usar la crítica seria cuando se pone interesadamente trascendente. Y aunque Urdiales, ahora que está regado con la lluvia dorada, luce vestidos nuevos y ha comprado trajes para la familia, no deja de ser el mismo torero que siempre fue, pues como dijo el clásico se torea como se es. La sutil diferencia estriba en que ahora enfrente ya no está Adolfo Martín, sino El Puerto de San Lorenzo, o sea que le han quitado o él ha renunciado a la parte que más enaltecía su toreo, que es el oponente.

Creo que Urdiales está viviendo un espejismo, y aunque muchos que hemos seguido atentamente su carrera y que no nos engañamos en cuanto a sus innegables virtudes y a sus innegables defectos no dejamos de alegrarnos de que un golpe de fortuna le haya puesto en manos de los que mueven los cotarros, de que le lleven a Curro a verlo y de que los que más le ningunearon ahora se rindan a su arte, no podemos olvidar que es un torero de dieciséis años de alternativa y que sus grandes verdades en las grandes ferias deberían estar dichas ya.

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