La Rioja

‘Vivifrail’: ejercicio físico en geriátricos para potenciar la salud y evitar la fragilidad

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el término salud como «un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades». Un concepto que, si lo centramos en las personas mayores, se convierte en funcionalidad, esperanza y calidad de vida.

Noción que tienen muy en cuenta los profesionales del centro de día Gonzalo de Berceo que, desde hace un tiempo, trabajan con la ayuda de Mikel Izquierdo, Catedrático y Director del Departamento de Ciencias de la Salud de la Universidad Pública de Navarra, en un proyecto de formación que pretende instruir a los trabajadores en el ejercicio físico individualizado y a medida de cada usuario.

Una iniciativa que forma parte del programa Vivifrail, enmarcado dentro de la Estrategia de Promoción de la Salud y Calidad de Vida en la Unión Europea que permite manejar hasta siete planes diferentes en función de los diferentes perfiles de las personas. «Hay mayores que no pueden caminar, otros que se levantan un poco más de la silla; otros que tienen capacidad para caminar 5 o 10 minutos; y otros, los que nosotros denominamos `robustos´ que viven independientemente en la comunidad. Pues bien, cada uno tiene que recibir su tratamiento específico», explica Izquierdo.

El objetivo de esta formación es que los sanitarios puedan tener herramientas suficientes para poder prescribir un programa individual de ejercicio físico para prevenir la discapacidad, las caídas y, además, mejoren la autonomía de usuario. «Hemos visto que las personas que participan salen de su zona de confort y cuentan con un plus de capacidad funcional. Esto permitió mantener la condición física durante el periodo de confinamiento en el que estuvieron parados».

Rutina de ejercicios

Como todo, el programa depende de las personas que lo ejerzan, pero normalmente dura entre diez y doce semanas. Un periodo mínimo en el que, «si practicas los ejercicios tres veces por semana durante 25 minutos tu situación funcional mejorará de manera significativa».

Dentro del proyecto y más concretamente en las personas mayores que acuden al centro Gonzalo de Berceo, tras una evaluación por parte de los profesionales, se establece una división de perfiles según el nivel funcional y riesgo de caídas que tenga cada participante, denominadas pasaportes A, B, C y D.

«Con las rutinas de ejercicios, el objetivo es que una persona que sea un pasaporte A, es decir, discapacitada, que no pueda levantarse de una silla o incluso que esté en una cama, al finalizar el programa pueda ponerse de pie y dar algunos pasos. De la misma manera que los pasaportes B y C puedan ascender de nivel, el D, el apodado `robusto´, independiente, tiene que tener especial cuidado porque a estas edades una pequeña infección urinaria o un pequeño traspiés puede retroceder el avance».

Además, el proyecto pretende que los ejercicios sean rutinas sencillas para que se puedan hacerse fuera del centro con ayuda de las familias en los hogares.

Muerte dulce por sedentarismo

Actualmente el mundo está sumido en la pandemia del COVID-19 pero, antes de que llegara esta «vivíamos la del sedentarismo y la inactividad física, un azote que hoy en día es la tercera causa de muerte junto con la hipertensión, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares.

«Le llamamos muerte dulce porque supone unos malos hábitos de vida relacionados con el consumo de azúcar y la diabetes. Una muerte que no es tan dramática como la del COVID que arrasa sobre todo a personas mayores, pero que te está atacando durante mucho tiempo sin enterarte. Eres feliz pero el desenlace es el que es».

Esta pandemia, la de la muerte dulce, ha amplificado su efecto durante el confinamiento. «No somos conscientes de que nunca es tarde para practicar ejercicio. De hecho, las personas mayores tienen una gran capacidad de mejora y su músculo se adapta de manera importante. Cuanto mayor eres mayor beneficio de otorga, pero cuanto antes lo inicies mejor».

Estudios con pacientes COVID

Además del proyecto Vivifrail, el doctor Izquierdo está trabajando en un plan que pretende ayudar a los pacientes que tiene el problema añadido del COVID. «Algunos de ellos han estado mucho tiempo encamados en los hospitales y eso es lo peor que puede suceder porque salen funcionalmente muy deteriorados y prácticamente no pueden moverse del sofá a la ducha».

Personas, también jóvenes, que necesitan llevar a cabo un desarrollo muy específico los meses siguiente para que puedan volver a recuperar su rutina diaria. «Si esto lo trasladamos a personas mayores el problema se multiplica por tres y las consecuencias con peores».

Una de las piezas claves es romper con ese sedentarismo y para ello se está fomentando un programa de ejercicios y pruebas para mejorar la fuerza muscular y la resistencia cardiovascular. «Todo para que salgan de ese círculo viciosos y vuelvan a tener la suficiente calidad de vida para hacer una rutina independiente y volver a integrare en la sociedad».

De esta forma, Mikel Izquierdo trabaja el concepto de envejecimiento saludable, es decir, que la persona tenga la capacidad suficiente para gozar de una buena calidad de vida y bienestar en su vejez.

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